Porque el amor, es una cadena de coincidencias imposibles. Porque la libertad duele y cuesta mucho. Porque somos ciegos buscando la luz. Porque el tiempo jamás está de nuestra parte: la persona correcta, llega en el momento equivocado; la oportunidad perfecta, llega cuando no quieres tomarla.
Porque se necesita romper la esfera de la seguridad para saltar a un vacío. Porque aprendimos que duele. Porque la primera vez, jamás es la definitiva. Porque somos un eterno comienzo que se arrastra a sí mismo.
Duele por que amar es ser y dejar de ser; y después de muchos años y corazones rotos, lo que menos queremos es volver a perdernos.
Para amar en pareja, se necesitan dos: a veces uno está disponible, y el otro no está dispuesto; estamos dispuestos pero perdidos, ocupados, abrumados.
La verdad que el amor es para el tonto, o para el valiente, para el sincero... para los que no saben tener miedo, o saben amarrarlo y disfrazarlo de coraje. El amor es una aventura y no todos los corazones se sincronizan para dar el salto.
Por eso no basta una caricia, no basta una mirada, no bastan esas horas de complicidad y charla, ni la compatibilidad: todo es cuestión de un segundo de suerte, un silencio perfecto, una sincronía incomprensible que va más allá de nosotros.
Creo que el amor es magia, y no todos podemos jugar con ella: por eso jugamos a enamorarnos; creemos que nos entrenamos, pero todo es cuestión de suerte. Al menos hoy, es lo que parece.
Dedicado con amor a todos los que estos días han intentado jugar, han recordado sus juegos, y han apostado a jugar de nuevo.
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miércoles, 12 de noviembre de 2008
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